La agricultura de regadío produce hoy en día el
40 por ciento de los alimentos del mundo, según cálculos
de la FAO, y habrá de producir alrededor del 60 por ciento
de los demás alimentos necesarios para una población
mundial de aproximadamente ocho mil millones de personas en
el año 2025.
Según un informe publicado por la FAO con ocasión
del Día Mundial del Agua: "Se prevé que el grueso
del aumento del suministro de alimentos producidos en tierras
irrigadas se dé a partir de las transformaciones de un
sector que sigue dominado por los pequeños productores...
los pequeños campesinos de riego son, y seguirán
siendo, una parte vital de la seguridad alimentaria mundial
del futuro".
El informe titulado "La reducción de la pobreza y la
agricultura de regadío" ha sido elaborado por el Programa
Internacional para la Investigación Tecnológica
sobre Riego y Avenamiento, cuya gestión incumbe a la
Dirección de Fomento de Tierras y Aguas de la FAO.
La información es que la tecnología de riego
de bajo costo, producida localmente, como las bombas, y los
sistemas de mangueras y goteo, ofrecen dos importantes beneficios
a la población rural pobre y al mundo en conjunto: ayudan
a los campesinos a producir más alimentos -o a "producir
mejores cosechas gota a gota"- y crean empleos a la vez que
ofrecen oportunidades de obtener ingresos. En Bangladesh, por
ejemplo, desde 1985, la irrigación con aguas subterráneas
ha incrementado el empleo en la agricultura alrededor de 250
por ciento.
La FAO ha insistido en que la tecnología de riego para
los pequeños campesinos debe ser económica y fácil
de utilizar, y que tanto las mujeres como los hombres deben
tener igual acceso a la irrigación. En Gambia, Tanzania
y Kenya, los derechos de las mujeres de tener tierras de regadío
y controlar la distribución de los productos, han mejorado
significativamente la nutrición familiar y el ingreso
de las familias que están a cargo de mujeres.